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Jesús Gómez: Noble Embajador de nuestro teatro
Veónica Cortez


El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad.
                                          Giovanni Papini (1881-1956) Escritor italiano.

                            
¿Será cierto que el destino es ineludible? ¿Es verdad que estamos manejados por decisiones preestablecidas que inducen los acontecimientos de nuestras vidas? ¿Los eventos  recurrentes en una biografía  son señales de un sino imperativo?   
Estas fueron las interrogantes  que surgieron en mi cuando escuché la historia de Jesús Gómez, joven director de teatro venezolano, oriundo  de Carúpano, Edo. Sucre,  quien traspasó  las fronteras de su pueblo natal, para conquistar, por derecho propio, un lugar en la escena del mundo, específicamente en la exigente plaza argentina.

Después de culminar sus estudios de Dirección Teatral en la Escuela de Arte Dramático del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jesús Gomez ahora debuta profesionalmente como director  con la obra venezolana “Menguada, la Hora” de César Rojas, pieza que “misteriosamente “ lo ha inspirado desde sus inicios a iniciarse en este peregrino mundo del teatro. El evento será a partir del 3 de junio en el respetable teatro bonarense Samuel Becket.


1. Cuéntanos como descubriste el teatro en ese pueblo del oriente de Venezuela llamado Carúpano.
- Mis comienzos en el teatro fueron a la edad de  14 años, en el liceo Jorge Ordosgoitti,  cuando participaba en el Festival de Teatro Estudiantil que organiza cada año el Ateneo de Carúpano. El haber participado en este festival me despertó el interés por este arte y lo que en un comienzo fue una simple diversión o pasatiempo, se convirtió rápidamente en una meta de carrera profesional. En el mismo año (1992) ingresé al Taller de Teatro Experimental Lolita Lyón del Ateneo de Carúpano. Fueron tres años de estudios en donde pude perfeccionarme y adentrarme en este maravilloso mundo, y de esta manera ratifiqué lo que quería hacer en la vida: “Actuar”.

2. ¿Cuál fue la primera obra de teatro que viste?
- Estando en el Ateneo comencé a presenciar montajes teatrales tanto locales como de afuera pero la  primera obra que vi,  invitada de Caracas, fue en el año 93, “Menguada, la hora” de César Rojas, la cual me dejo impactado y sin aliento,  con una emoción muy grande que no sabía como explicarla, y mucho mas, cuando al día siguiente de la presentación pudimos compartir en clases de teatro, tanto con el elenco como con el director. 

3. ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos después de tu primera formación en Carúpano?
- Una vez terminados  los tres años de estudios en el Taller de Teatro Experimental Lolita Lyon, pasé a formar parte del elenco estable del Grupo de Teatro Infantil “Los Grillitos”. Al principio entré manipulando títeres en la obra “Doña basura y Doña Escoba”; no era mi fuerte pero el solo hecho de pertenecer a un elenco, apenas comenzando, para mi era muy importante. Después pase a formar parte del elenco del Grupo de Teatro de Calle “Dinasta”, grupo teatral también estable del Ateneo de Carúpano pero mi sorpresa mas grande fue el quedar seleccionado para el rol protagónico de la obra “El Capitán Tormenta” con el Grupo “Los Grillitos”, obteniendo después muy buenas criticas por ese personaje. También fui elegido por la Coordinación de Teatro del Ateneo de Carúpano, para dar clases de teatro en el mismo Liceo donde comencé a dar  mis primeros pasos en esto. Allí monté mi primera y segunda obra  “Final de viaje” y “Marilyn la última pasión” de José Simón Escalona, con las  que participé en el Festival de Teatro Estudiantil, obteniendo con el segundo montaje,  el Premio de Mejor montaje y Dirección Teatral.

4. ¿Qué te motivó a dejar a Carúpano y venir a la capital?
- Ese premio que me gané en Carúpano  alentó más mi entusiasmo de hacerme director,  de irme a Caracas a estudiar artes en la UCV y probar fortuna.

5. ¿Y como fue ese primer desenvolvimiento en Caracas?
- Recién llegando a Caracas (1996), me enteré por un anuncio en el periódico que Daniel Uribe iba a dar clases de teatro en un  taller que lo organizaba la Casa de Cultura de Chacao. Inmediatamente fui a inscribirme, no podía dejar pasar la oportunidad de estudiar con el director de “Menguada, la Hora”. Por suerte, pasé la audición y estuve casi un año formándome con él. También me puse en contacto con José Gabriel Núñez, que lo conocía de Carúpano, para pedirle ayuda a conseguir trabajo. El me  mandó a hablar con Ugo Ulive, que para ese entonces era Presidente de La Compañía Nacional de Teatro. El mismo día de la entrevista, Ulive me llevó a la sala  en donde estaban ensayando Lisistrata, que la dirigía Orlando Arocha y le pidió al regidor que me integrara al elenco. Yo no lo podía creer, era un sueño lo que me estaba pasando. Y pasé a formar parte del Coro de Ancianos y Sátiros. Fue toda una sorpresa para mí debutar en Caracas a los dos meses de haber llegado, con la Compañía Nacional y nada más y nada menos, que con Orlando Arocha, a quien admiro muchísimo por su trabajo como director.
Así mismo, estudiando con Daniel Uribe, conocí a Dairo Piñeres, que luego de finalizar el taller, me invitó a trabajar con él en un taller montaje, que iba a dirigir,  “Los intereses creados” de Benavente. Con Dairo estuvimos todo un año de temporada y fue muy gratificante e interesante trabajar a su lado.

3. ¿Que ha significado la presencia de la gran actriz Nelly Garzón en tu vida?
- Luego de estar un año en Caracas  y buscando trabajo para poder subsistir, di con Nelly  Garzón a quien le debo muchísimas cosas. Para mí ella ha sido como mi madre en el teatro. Me dio la oportunidad de trabajar a su lado en el centro venezolano del ITI- UNESCO. Me ofreció toda su confianza y puso a mi alcance miles de conocimientos y contactos. Allí conocí a muchas personalidades del teatro y del quehacer cultural: María Teresa Castillo, con quien compartimos fiesta de fin de año, Rafael Briceño, que me contó como conoció a José Ignacio Cabrujas, Iraida Tapias con quien trabajé en el Teatro del Paraíso, Horacio Peterson con quién  después tomé clases de teatro en el Laboratorio Anna Julia Rojas y que para mí ha sido un gran maestro. También tuve la experiencia de tener como compañera de trabajo a Manuelita Zelwer a quien admiraba cuando la veía en las novelas donde trabaja, sobre todo en El Paseo de la Gracia de Dios ( era tan mala  su personaje que le tenía bronca, jaja) y al maestro Romeo Costea, quien también me dio la oportunidad de trabajar a su lado y con quien aprendí miles de cosas, él es un verdadero maestro. Y todos estos importantes personajes del teatro los conocí  a raíz de mi trabajo del ITI-UNESCO que me dio Nelly Garzón.

4. Y después, ¿como saltaste el océano del atlántico para desembarcar en Alemania?
- Tuve a mi lado mucha gente que me alentaron a tomar la decisión de irme. Ya en una oportunidad tuve la posibilidad de irme a España a estudiar en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, en donde fui aceptado , pero quizás para ese entonces por mi edad  (18 años) tenía mucho miedo de irme a otro país y saber que iba a estar solo. Tenía todo para viajar, pasaje aéreo, visa, etc, pero mis miedos fueron mas fuertes. Mucha gente me decía que esas oportunidades se presentan solo una vez en la vida. Pero para mi suerte se me presentó dos veces y la segunda si que no lo pensé, ni tuve dudas. En verdad jamás imagine que me podía ir a vivir a un país como Alemania, y eso que trabajando en el Centro Venezolano del ITI-UNESCO, tuve mucho acercamiento con la cultura alemana. Nelly había estudiado en Alemania, su marido era alemán, hubo una pasante alemana trabajando por un año, Pablo Ozuna, director teatral con quien compartí en el trabajo también recién llegaba de vivir en Alemania. En la biblioteca del ITI había mucha información sobre el teatro y la danza en Alemania, obras de teatro, etc. Me parece que eran muchas señales que yo no las identificaba y que ahora me doy cuenta. Recuerdo también que a mi casa vino de visita una señora que era vidente, quien al verme me dijo “vos te vas a vivir a un país muy lejos, con una cultura muy distinta a la nuestra, pero te vas adaptar fácilmente a esa nueva vida”. Y no se equivocó.

5. Y entonces, ¿qué pasó?
- En el año 2000, estando en el segundo semestre de la carrera de Arte en La Universidad Central de Venezuela, en la apertura del  Festival Internacional de Caracas, conocí a un bailarín del elenco de la compañía que representaba a Alemania (Bremertheater), con quien cinco meses más tarde me fui a vivir a Alemania. Fue algo muy loco que se lo debo a mi profesor para ese entonces Nicolás Curiel, quien me regaló las entradas tanto para el espectáculo de apertura como para el agasajo del festival. En Alemania, los tres primeros meses estuve aprendiendo alemán en un curso intensivo, ya que me había ido sin saber absolutamente nada del idioma. A los cuatros meses de estar allá, empecé a asistir como practicante de asistente de dirección en una producción de danza- teatro para niños, en el Teatro Municipal de Bremen. Por suerte, el coreógrafo era de origen holandés y mucho de los bailarines sabían hablar español, así que no tuve muchos problemas para comunicarme. Ahí estuve tres años, lo que me permitió seguir obteniendo más conocimientos, conocer personalidades del mundo del teatro y  de la danza,  como a Susana Linke y Hans Kresnick.  Aparte de lo teatral, tuve la experiencia de conocer muchísimas gente de todas partes del mundo: del Tibet, Vietnam, Francia, España, Turquía, Irán, China, Japón, Polonia, Rusia, Serbia, México, Colombia, Brasil, Estados Unidos, en fin…. Muchos los conocí estudiando alemán y otros a través del teatro y la danza. También tuve la oportunidad de conocer otros países, como Turquía, España, Holanda e Inglaterra Conocer distintas culturas me abrieron los ojos a otros conocimientos,  a experiencias que jamás las podré olvidar, que no las hubiese tenido de no arriesgarme a salir de mí país.

5. ¿Tuviste, como extranjero, alguna dificultad en ese país?
- Los primero meses en Alemania, fueron muy duros, por el idioma, el clima, en invierno no veía luz de sol en semanas, todo gris, con mucho frio y lluvia. La gente por momentos era muy poco social, en inviernos muchos vivían deprimidos. Lo más lindo para mí en esa primera etapa fue cuando vi nevar por primera. Fue algo muy mágico, y no aguante las ganas de salir y tirarme en la nieve como un niño. Cuando empecé a trabajar en el teatro todo cambió, comencé a conocer gente y a relacionarme, y sobre todo a comunicarme que era lo más me desesperaba no poder hacer.

6. ¿Estudiaste teatro en Alemania?
- No, no fue así. Una vez que pude defenderme bien con el idioma, dos años después, intenté inscribirme en la Kunsthochschule de Hanover para estudiar teatro. Meses después recibí un sobre donde me notificaban que quedaba pre- seleccionado para ingresar, pero ya había tomado la decisión, por segunda vez por motivos personales, de irme a vivir a la Argentina, Buenos Aires. Yo ya había estado en Buenos Aires en unas vacaciones y me encantó la ciudad, quede fascinado y maravillado por lo bella que es  y la increíble actividad cultural que allí existe. Estando en Buenos Aires, (finales del 2003) lo primero que hice fue tramitar la inscripción en la Escuela de Arte Dramático del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, para estudiar Dirección y Puesta en Escena. Tuve que preparar un proyecto teatral como prueba de admisión, sobre “Babilonia” de Discépolo, dramaturgo y director argentino de mediados de siglo. A los dos meses de haber presentado el proyecto y posteriormente haber  hecho el coloquio con los profesores que me evaluaban, recibí la respuesta de que estaba admitido en el conservatorio.

7. Siendo extranjero, tuviste la oportunidad de actuar en Argentina
- Al comienzo de estar en Buenos Aires yo quería seguir actuando pero había algo que me trababa: “el acento” ya  que por una parte, ya había perdido casi el acento venezolano, pero tampoco pasaba por argentino.  Me daba temor presentarme a castings por ese motivo porque pensaba que no me admitirían en ninguno. Una amiga actriz que conocí, me puso en contacto con un director quien se interesó por mí para el montaje de Las Bacantes, me animé e hice el casting ganándome el rol del mensajero que luego cambiaría para ser una de las Bacantes.  Fue mi primera experiencia como actor en la Argentina, y la adaptación a una manera de trabajo distinta a la que estaba acostumbrado  tanto en Venezuela como en Alemania. Ya que el teatro independiente, como le dicen acá, también “Teatro Off”, se hace con mucho sacrificio, como en todos lados, pero por momentos con muchos inconvenientes que a veces pueden llegar a detener un proyecto.

8. ¿Has regresado a Venezuela?
-  Justamente con las Bacantes fui al Festival Internacional de Teatro de Oriente en Barcelona- Puerto La Cruz, gracias a mi querido amigo Hernán Colmenares que nos apoyó mucho desde allá para poder ir. Para mí fue muy extraño ir a representar un país que no era el mío al mío, y en donde la gente me confundía y me trataban como argentino siendo venezolano. Por momentos me daba la sensación que ya no pertenecía a Venezuela, pero todo el tiempo aclaraba que yo era venezolano. Fue una experiencia muy linda participar en ese festival, oportunidad que nunca se me dio viviendo en mi propio país.

9. Ahora debutas como director con “Menguada la Hora” ¿Que ha significado esa obra para ti?
- El año pasado era mi último año en el conservatorio, y por ende tenía que montar una obra como proyecto de año. Yo andaba desesperado buscando obras. Quería montar una obra de la dramaturgia venezolana y  desde el año anterior tenía en mente  “Menguada, la Hora”, pero no sabía como contactar a César Rojas, hasta que hablando con Nelly Garzón  y pidiéndole consejos sobre que montar me dijo: ¿Y porque no montas  “Menguada, la hora”? es una obra muy interesante, yo te puedo poner en contacto con Cesar Rojas”.  Y por medio de ella fue que di con él, quien inmediatamente de haberle escrito me envió su obra y su apoyo. Fue muy curioso porque “Menguada, la hora” fue la primera serie de televisión que vi con nuestras queridas actrices Doris Wels y Marina Baura   y también fue la primera obra que vi representada cuando estudiaba teatro en el Ateneo de Carúpano.  Y catorce años más tarde, en el 2007, es la obra con la que debuto como director  en el teatro independiente argentino. 

¿Destino?  ¿O instinto y voluntad? En la historia de Jesús Gómez que apenas comienza, todo da a entender que si bien las cartas estaban echadas a favor de sus actuales y  venturosas  circunstancias, también es cierto que fue su  decisión de traspasar el miedo lo que lo hizo volar de su terruño y probar en Europa para después aterrizar en Argentina y así lograr su firme sueño de consagrarse al arte que lo sedujo desde que era casi un niño: el Teatro. Y  nosotros, sus paisanos,  lo que sentimos es orgullo y regocijo al oír de las hazañas en tierras lejanas de este joven venezolano, noble embajador del teatro de nuestro país.  

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