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Daniel Uribe, "el perseverante", cumple 20 años haciendo lo que más le gusta: dirigir teatro.
Verónica Cortez


Daniel Uribe se describe como un hombre hiperkinético, de fuertes movimientos internos, siempre en constante búsqueda. No le gusta estar en un mismo sitio por mucho tiempo. Es su naturaleza.
Entrar en su carro es imbuirse en un mundo insólito donde lo impredecible puede aparecer, desde un vaso usado hasta un libro infantil, pitillos, lápices, notas, recibos, volantes, hilos, botones, cajitas, en una vorágine de peculiaridad.  Así mismo, concertar una entrevista con él puede  desembocar  en una circunstancia atípica, como terminar haciéndola en la recepción de una movida agencia publicitaria, en medio de un torbellino de empleados, llamadas telefónicas, repique de timbres y entregas de motorizados.

Así es Daniel Uribe, un remolino de ideas y acciones las cuales se han materializado en muchos montajes emblemáticos que forman ya  parte de la historia del teatro contemporáneo de  Venezuela.

Pupilo consentido de Carlos Giménez, es uno de los directores más destacados de su generación, quien ha realizado un gran número de producciones teatrales como "COMALA", su propia versión de la novela "PEDRO PÁRAMO" de Juan Rulfo, la cual ganó en 1986 el tercer premio en el Primer Festival de Directores para el Nuevo Teatro, así como  "DE METAL LAMINADO", adaptación del cuento "OJOS DE PERRO AZUL" de Gabriel García Márquez ; "EL ÚLTIMO BRUNCH DE LA DÉCADA" de David Osorio,  "MUERTE EN VENECIA", de su autoría, "DETRÁS DE LA AVENIDA" de Elio Palencia, "EL PELÍCANO" de August Strindberg, "JULIO CÉSAR" de William Shakespeare, "PRIMERO MUERTA QUE BAÑADA EN SANGRE" de Indira Páez, "CARAQUEÑAS" de Daniel Bendaham, "PENÉLOPE" de José Gabriel Nuñez, "CASA DE TIERRA" de Rubén Darío Gil, "FANGO NEGRO" (Teatro en el Autobús) de José Gabriel Nuñez, producción teatral que se ha realizado en diversos escenarios del mundo: Caracas (Venezuela), Montalcino (Italia), Córdoba (Argentina), Santo Domingo (República Dominicana), Londrina (Brasil), Miami (Estados Unidos), con buen reconocimiento de la crítica internacional.

En 1996 gana el Premio Marco Antonio Ettedgui, galardón que se otorga anualmente al joven artista teatral, con mejor trayectoria en las artes escénicas venezolanas. 

Entre sus últimas producciones se encuentran: "AMBAS TRES" de Javier Vidal, "PALABRAS ENCADENADAS" y "EL MÉTODO GRONHOLM" de Jordi Galcerán, "VENENO", espectáculo de teatro-flamenco, "JAV  Y JOS" de José Simón Escalona,  "LA HORA MENGUADA" de César Rojas, versión libre del cuento homónimo de Rómulo Gallegos, producción a la que se le otorga  el Premio ACCA en la ciudad de Miami como Mejor Director y Mejor Montaje Teatral y "LA COLECCIONISTA" de Manuel Mendoza.

Indudablemente, es uno de los directores más prolíficos de la escena nacional. En este mes, cuando cumple 20 años de haberse comprometido con  su más grande amor que es el teatro, tiene  nada más y nada menos que tres obras en cartelera, "MISTER JURAMENTO" de Néstor Caballero, "TODO O NADA EN LA SOCIEDAD DE DAMAS DE SAN JOAQUIN DE BORUY" de Marcos Purroy  y "SE TE NOTA", de Carlos Arteaga.
Actualmente es el Presidente del Centro de Directores para el Nuevo Teatro.

- ¿Qué significa para ti arribar a los veinte años de carrera teatral?
- Es un logro  muy importante porque creo que la vida es un “boomerang”, todo se devuelve. Si haces las cosas de buena fe así mismo retorna, y si lo haces de mala fe pasa lo mismo. Yo he trabajado muchísimo por ganarme el puesto que tengo ahora y por hacer lo que me gusta que es el teatro – no sé hacer otra cosa-  y en eso,  la vida  ha sido muy buena conmigo.  Llegar a veinte años haciendo lo que te gusta es realmente algo muy gratificante y  le doy gracias a Dios, a mi madre y a Carlos Giménez  porque fueron  los que me guiaron y me dieron las herramientas para lograr esto.

- ¿Cómo fueron esos inicios?
- Comencé estudiando en la Escuela de Teatro Juana Sujo, después me fui a Rajatabla y fue en la Universidad Católica Andrés Bello donde comencé a dirigir. En la escuela de Letras de dicha universidad, el escritor Juan Manuel Peláez  estaba dando un taller de teatro que culminaría con el montaje de tres obras cortas que se titulaba “Tres rollos importados y una ñapa”. A mí me tocó dirigir la “Oración” de Arrabal. Y ahí me di cuenta que la dirección era lo mío.  Actuar siempre me aburrió, también escribir. En cambio, conceptualizar un espectáculo, plantear esquemas en un espacio, manejar actores, buscar códigos escénicos se me daba muy fácil. Total, que en aquella oportunidad terminé dirigiendo las tres obras (jajajá)  y bueno, aquí estoy.

- ¿Cuál fue la repercusión de Carlos Giménez en tu vida?
- Para mi es un orgullo haberlo conocido, ser su discípulo y que haya creído en mí. Él me cuidó mucho. Entre nosotros hubo un cariño muy especial, me quiso como a un hijo y  yo a él como el padre que nunca tuve.  Si a alguien tengo que agradecer en mi carrera es a ese señor. Con frecuencia lo sueño. En mi altar tengo su foto  y siempre le hablo,   le pido  que me oriente; a veces, hasta peleo con él (jajajá). Así mismo, cuando tengo algún conflicto creativo le explico lo que me pasa y al día siguiente tengo la solución.

- ¿Cómo fue tu ingreso al Centro de Directores para el Nuevo Teatro (CDNT)?
- En vista de la cantidad de actores emergentes que había en esa época, a Carlos se le ocurrió hacer un Festival de Directores Jóvenes y yo le pedí abrirlo. Hice una versión de "Pedro Páramo" de Juan Rulfo, “Comala”. Yo respetaba mucho su opinión  y un día apareció en un ensayo y en la mitad de éste se levantó y se fue, yo me asusté muchísimo pero él salió diciendo que mi espectáculo era una maravilla.

Ahora estoy al frente del CDNT y después de veinte años de existencia, no lo voy a dejar morir. Carlos Gimènez apoyó a mucha gente y dio paso a muchas organizaciones culturales que ahora no funcionan por culpa de la mediocridad. El  CDNT es mi casa, fue la plataforma de mi carrera, es la única institución que tengo, que siento que es mía,  y la voy a defender.

- ¿Todos tus trabajos lo haces bajo el sello del CDNT?
- Al principio sí, pero ahora me llaman otras personas para trabajar con ellas, como Jorgita Rodríguez, por ejemplo, productora que quiero, respeto y admiro mucho. Con ella he aprendido a controlar el estilo “neurótico” de mi escuela del Rajatabla (jajajá). Un día que se me pasó la mano, hasta la llamé para pedirle disculpas. Yo digo que ella es mi novia y ella dice que yo soy su novio ( jajajá).

- ¿Sientes alguna diferencia entre el teatro que se hacía en el año 1986 y el que se hace ahora?
- El teatro de esa época tenía un lenguaje completamente diferente al de ahora. Nosotros veníamos de una escuela que marcó  “pauta” no sólo a nivel nacional sino también  internacional.  Rajatabla  tenía una estética muy particular con un teatro pleno de  matices visuales e imágenes poéticas, y a la gente le gustaba ese tipo de teatro;  pero llegó un momento en el cual irrumpió lo que ahora se llama  “teatro comercial” que inició Mimí Lazo con “El Aplauso va por dentro”. Yo no se  si estaba bien lo que ella hacía  o estaba mal, lo que sí se es que el teatro tiene que ser una industria, tiene que existir la profesionalización. Lo que hacía Carlos Giménez en aquella época era teatro comercial porque llenaba la sala y con la taquilla podía cubrir los costos de producción. No se puede confundir al teatro comercial con el teatro que sólo hace reír a la gente. Una tragedia también puede ser teatro comercial. El año pasado fui a Londres  ví  “La Muerte de un Viajante” de  Arthur Miller y la sala estaba  "reventada" de público.

- ¿Cómo afrontas el hecho creativo?
- Lo primero que hago es enamorarme de la obra,  hacerla  mía. Eso es fundamental para comenzar a hurgarla.  Trabajo mucho con las imágenes porque soy muy visual.  Mientras estoy leyendo me voy imaginando cosas. Últimamente los montajes que he hecho tienen un nivel coreográfico impresionante. Por otra parte, cambiarle  el espacio al espectador sin que se de cuenta me parece maravilloso. Eso lo hice con "EL MÉTODO GRONHOLM" , pieza en la cual transformaba la escena sólo con 4 sillas; igual lo hice con "TODO O NADA". Es como jugar con el cubo de Kubrick, moviendo las piezas hasta que encajen.

- ¿Tienes alguna línea escénica constante en tus piezas?
- Al principio de mi carrera mis montajes tenían una referencia “Gimeniana” indudable - por ejemplo con "COMALA" -  pero, poco a poco, he ido marcando diferencia y ahora tengo un modo muy particular. Pero este proceso no ha sido fácil. El mismo Picasso tuvo que quemar varias etapas previas para llegar al cubismo que fue  el estilo que lo consagró. Pero, independientemente de la diferencia que mis montajes puedan tener, algo que los caracteriza es el equilibrio escénico y lo lúdico. Seguramente sigo teniendo reminiscencias de mi maestro pero esto lo acompaño con nuevos descubrimientos.

Lo que también es muy particular en mis trabajos son los temas  que abordo. En ellos se cuestiona la falsa moral, no en el sentido sexual específicamente, sino en el miedo a realizar los sueños. Todos tenemos miedos pero la única manera de superarlos es enfrentándolos. Como dice Elba Ecobar: “A los miedos hay que tenerlos como amigos”. En mis piezas, los miedos de los personajes son resortes que generan  una revolución interna la cual da a lugar a cambios en sus circunstancias externas. Este contenido lo ves en obras como "TODO O NADA" y "JAV y JOS ", en las cuales sus personajes necesitan un cambio en sus vidas y accionan para ello.

- ¿Cómo es tu relación con los actores cuando diriges?
- Eso ha sido  una evolución para mí porque al principio  yo era un “puestista”. Después me di cuenta que no hay “puesta en escena” si no hay un buen trabajo del actor, porque éste  es el que sustenta todo el peso del escenario. De un tiempo para acá, específicamente desde "JAV y JOS ", me he dedicado a investigar  con el actor  y estoy haciendo un trabajo  que viene motivado de un taller que se hizo aquí con el Actor’s Studio. Una de las cosas que hago es  “entrevistar al personaje” y con eso se descubren muchas cosas. Sin embargo, hay artistas que creen que ya han aprendido todo y les cuesta experimentar. Creo que los actores tienen que renovarse porque el trabajo creativo es de constante cambio.

- La música es un elemento fundamental de tus puestas…
- Yo escucho mucha música y ahora con Internet es mucho más fácil, porque la bajo y tengo muy buena memoria auditiva. Cuando estoy trabajando una obra  enseguida me viene a la mente una música específica y la busco o la mando a buscar. Entonces la acoplo con el movimiento  escénico.  Yo sé si una música funciona o no, apenas escuchando los primeros acordes.

- ¿El teatro es tu más grande amor?
- Sin duda. En una oportunidad tuve una pareja que me puso a escoger entre el teatro y la relación y yo le dije “chao pescao” (jajajá), fue una locura de su parte. Una vez alguien me pidió que definiera en dos palabras por qué yo hacía teatro. Y yo contesté: "para vivir". Y es verdad, a mí el teatro me alimenta, y no estoy hablando en el sentido económico sino espiritualmente. Sin él no puedo vivir. Además, yo no sé hacer más nada en la vida sino esto.

- ¿Te sientes en una buena etapa de tu vida profesional?
- Siento que la vida me ha dado la respuesta que me he merecido porque he trabajado muy duro por esto. Estoy muy contento y creo que es justo porque no ha sido fácil. Pienso que  lo he hecho bien, de lo contrario no estuviera aquí todavía trabajando en lo mío, eso si, siempre  he actuado con bondad y buena fe. La vida es un conuco donde tú recoges lo que siembras.

-¿Crees que Carlos Giménez estaría orgulloso de ti?
- Sí y  necesito que así sea. Yo no lo podría defraudar, no me lo permitiría.

Daniel Uribe, "el perseverante",  es un artista que no se detiene hasta haber logrado sus sueños, un director que se propone superarse en cada montaje que hace,  hombre fiel a los  compromisos que contrae. Ya tiene 20 años de haberse percatado de lo fácil que le resulta la complicada labor de director, y agradece todos los días por tener el privilegio de trabajar y vivir, haciendo lo que más le gusta: dirigir teatro.

 

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